Mariquitas

Si pensáis que en un huerto urbano tendréis lechugas limpias e impolutas como los del súper que van en bolsas, mejor os olvidáis. Las plantas necesitan humedad y nutrientes y éstas mismas condiciones atraen otros seres vivos con ganas de vivir y aprovecharse. Y, evidentemente la clase más numerosa de seres vivos que hay en la faz de la tierra, los insectos, són uno de los protagonistas habituales de nuestros huertos.

Los insectos que se comen nuestras hortalizas representan un problema para el horticultor novel pero, en poco tiempo aparecen también otros insectos depredadores que se alimentan de estos primeros herbívoros. Las redes tróficas de la naturaleza tienen su réplica en el huerto urbano. De la alarma y el pánico inicial podemos pasar a convertir una plaga en una oportunidad de aprendizaje y de observación excepcional.

Para empezar os presento uno de los insectos más conocidos: la mariquita. Y no es la típica mariquita de caparazón naranja y puntos negros la más interesante, la que es más voraz y efectiva es su larva, de forma alargada y, como si fuera un negativo del adulto, de cuerpo negro y puntos naranjas.

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La profundidad de sustrato

 

Recuerdo hace casi quince años, cuando enseñaba mi huerto urbano a amigos y curiosos, que una de las preguntas que surgía a menudo era si con aquella profundidad de sustrato era suficiente para hacer un huerto. Incluso una vez alguien intentó arrancar las coles del huerto pensando, incrédulo, que las había cortado de un huerto en el suelo y puesto encima del huerto urbano. Aún me río cuando lo pienso en la cara de aquel hombre cuando vio que la col estaba bien arraigada en la mesa de cultivo.

Con el tiempo me he dado cuenta de que la cuestión de la profundidad de sustrato es muy importante.

En conclusión, una estructura de cultivo que no represente ningún problema de exceso de peso para nuestra azotea no debería tener más de 20 cm de profundidad y, de hecho, cuanto menos profundo, menos riesgo de sobrepeso y menos coste de la estructura y del sustrato necesario. Por otro lado, demasiada poca profundidad reduce la cantidad de raíces, nutrientes y almacén de agua y hace que la planta sea más sensible a los cambios de temperatura y humedad. ¿Cuál es el punto óptimo?

Hace quince años empecé a cultivar en una mesa reutilizada de 15cm que, una vez compactado el sustrato, se convertía en una mesa con 12-13cm de profundidad útil. Más tarde desarrollamos mesas de 18cm con resultados excelentes para todo tipo de cultivos. Estamos hablando de estructuras muy anchas, de 150 a 200 litros de capacidad total, lo cual es muy importante ya que cuando la raíz no puede crecer hacia abajo lo hace de lado y también de sustrato orgánicos de mucha calidad. Mi opinión es que si funciona con poco, no hace falta ponerle más.

Sin embargo me han llegado informaciones y opiniones que dicen que los huertos se pueden hacer con un mínimo de 30 cm. Este “mito” de los 30cm me ha picado un poco y he decidido hacer una prueba con 4 sustratos de cultivo diferentes y profundidades de 10cm, en el límite de lo que creo que es razonable. El resultado ha sido bueno en aquellos sustratos de mayor calidad, tomateras de 2 metros que se alzan sobre 10 miserables centímetros. Os dejo una foto como prueba de que a veces (solo a veces) es cierto aquello de que “el tamaño no importa”.

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Psicología hortícola

 

Pido disculpas por qué no soy psicólogo y lo único que pretendo con este post es estimular la curiosidad de observar el huerto como el reflejo de la forma de ser de la persona, al igual que pasa con cualquier otra creación personal. Aviso también que no hay ningún huerto perfecto como no hay tampoco ninguna manera de ser perfecta, lo único perfecto es valorar y amar la diversidad de las personas, y los huertos, como una riqueza y ser feliz, faltaría más!

Hace tiempo que digo que los huertos explican la forma de ser de cada hortelano y después de haber visto muchos lo veo cada vez más claro y me he permitido la libertad de hacer una pequeña descripción de cuatro tipos de huertos y hortelanos aunque en la realidad cada huerto suele ser la combinación variable de un poco de cada tipología.

Las personas ordenadas y que les gusta la seguridad y saber siempre qué hacer, hacen huertos muy bien estructurados, a veces organizan las plantas en líneas casi perfectas. Si son detallistas lo muestran también con pequeñas aportaciones como los cartelitos, dibujos o adornos. Suelen necesitar unas pautas muy bien definidas y utilizan mucho la cinta métrica para saber exactamente la distancia entre plantas. Les encantan los manuales de huerto que dan esquemas y dibujitos con cuadraditos y cotas, y planificaciones de cultivo bien dimensionadas.

Las personas creativas a menudo tienen huertos más desorganizados que pueden parecer caóticos. Todas las verduras mezcladas, las plantaciones las hacen con poca planificación y en ocasiones se olvidan de podar y hacer un buen mantenimiento, a menudo plantan con exceso y de forma impulsiva. Son hortelanos felices aunque los resultados no sean a menudo del todo satisfactorios o altamente productivos. Les motiva mucho provar cultivos nuevos o encontrar soluciones inesperadas. Con un pequeño éxito suelen tener suficiente para justificar el esfuerzo y sentirse felices.

Están los efectistas, muy preocupados por el rendimiento y la productividad. Suelen decidir demasiado deprisa y tampoco son muy ordenados pero son muy constantes y les preocupa mucho sacar muchos kilogramos y con el mínimo esfuerzo posible. Son amantes de sistemas automáticos de riego y todo lo que les pueda facilitar el trabajo y agradecen buenos productos para proteger las cosechas por eso suelen tener la tentación de utilizar productos fitosanitarios poco respetuosos. Les gusta enseñar sus éxitos hortícolas, como las grandes calabazas, por ejemplo También les gusta provar cosas nuevas pero con el objetivo de obtener mejores resultados.

Otro grupo lo podríamos llamar los jardineros. Estos gozan de cultivar, les encanta regar manualmente con regadera, mirarse las plantas y valoran mucho el buen rollo que hay en el huerto, estar cerca de la naturaleza y respetan mucho la fauna, incluso les sabe mal matar a las plagas por muy ecológico que sea el método. Les gusta compartir la cosecha y estar en el huerto o cocinar los productos con otras personas para fortalecer las relaciones.

¿Qué os parece? Y vosotros, ¿qué tipo de huerto tenéis?

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El control ecológico

Los últimos meses he tenido la suerte de conocer muchos proyectos de agricultura urbana y periurbana con fines sociales y de autoconsumo en diversos barrios y ciudades de España. La proliferación de proyectos es muy diversa y parte de iniciativas de entidades, escuelas, administraciones varias, lo que hace que sea difícil clasificar y establecer unas pautas comunes para todos los proyectos.

Uno de los aspectos que a veces provoca alguna discusión es si la gestión de las plagas de estos huertos de autoconsumo debe hacerse con técnicas de agricultura ecológica o bien se puede tolerar que los usuarios utilicen productos químicos que se encuentran fácilmente en los comercios. La respuesta a esta cuestión se podría plantear desde puntos de vista diferentes.

Desde un punto de vista más normativo habría que considerar la seguridad de los usuarios y la falta de formación para hacer ciertos tratamientos con garantías. Este aspecto es especialmente relevante si el huerto está en un espacio donde hay otros usuarios, familias o niños que juegan cerca.

Desde otro punto de vista más ideológico podríamos discutir sobre las bondades de la agricultura ecológica y las problemáticas que el uso de productos químicos ha causado y causa en el medio ambiente y en la salud de las personas.

Personalmente creo que es muy útil hacer una reflexión sobre cuál es el papel de la agricultura urbana en las ciudades. Desde mi punto de vista es una oportunidad para mejorar las ciudades a través de la promoción las relaciones sociales, el conocimiento de la agricultura, el consumo de proximidad y, en general, naturalizar la ciudad para hacerla más sostenible. En este marco no creo que tenga nada de sentido que la agricultura urbana sea una nueva fuente de contaminación o de generación de residuos o promueva el uso de pesticidas. Al contrario, es una oportunidad para que aprendamos a mejorar la biodiversidad, controlar las plagas a partir de esta biodiversidad y con una buena gestión de los cultivos y promocionar el uso de recursos locales y el reciclaje de la materia orgánica.

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Pero si queremos que la agricultura urbana sea este motor de cambio y mejora tendremos que estar abiertos a cambios también nosotros. Por ejemplo deberemos superar cierta fobia que tenemos los urbanitas a la presencia de seres vivos a nuestras azoteas. Plagas, depredadores, microorganismos y las diversas plantas cultivadas forman pequeños ecosistemas que debemos intentar que estén en equilibrio y que sean pequeños oasis de biodiversidad de nuestras ciudades. No existe el huerto ecológico aséptico, el huerto ecológico se construye en la medida que generamos este equilibrio y respetamos y entendemos que todos los organismos tienen su papel. En este marco no tiene sentido utilizar productos químicos ni intentar eliminar de forma automática cualquier bicho que mueva por el huerto sin antes intentar identificarlo y entender por qué está allí. Entonces entenderemos que lo que hay que hacer es gestionar la presencia, no eliminarlo ni luchar contra la naturaleza.

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Comparando huertos


Cuando hace más de 15 años mostraba el resultado de mi huerto a la azotea me encontraba a menudo reacciones escépticas y preguntas de incredulidad. Esta col, ¿ha crecido aquí?Estas lechugas, ¿seguro que no los has cosechado del campo y los has puesto a la mesa? Con el tiempo esta incredulidad ha menguado gracias a que los huertos a las azoteas se han convertido en una actividad más practicada y más conocida. No hace falta perder de vista que cultivar hortalizas en recipientes en una azotea es más delicado que cultivarlas en tierra, esto se aprende rápidamente durante los primeros cultivos. Pero pese a que a veces horticultor de ocio se conforma con unos resultados menos buenos, debemos tener claro que si cultivamos bien el resultado puede ser igual que el de cualquier huerto en tierra. Para ilustraros esto os adjunto dos fotos de calabacines plantados el mismo día, uno en un huerto convencional, en la tierra y el otro en mi terraza. ¿Hay alguna diferencia?

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Encuentro de Agricultura Urbana

Acabamos de finalizar el primer encuentro de Agricultura Urbana de Barcelona, que le hemos llamado “Aplec”. Han sido dos días aprendiendo nuevas técnicas, compartiendo experiencias de proyectos muy diferentes y conociendo personas diversas con experiencias diferentes y enriquecedoras. He recibido algunos mensajes que creo que resumen mi estado de ánimo: “felicidades por el trabajo hecho, ha sido genial; el próximo año haremos más difusión para que más gente pueda aprovecharlo “.

Cuando me pregunto qué valdría la pena destacar, recuerdo las miradas de todos los que han puesto su grano de arena: las personas que han hecho talleres y conferencias y han transmitido su parcela de experiencia; los responsables de las entidades sociales que nos han explicado hasta qué punto un huerto puede ser un instrumento de mejora de la calidad de vida; los mismos beneficiarios de los huertos sociales que hicieron acto de presencia en el entrañable documental del Huerto de Las Casas; los trabajadores de la administración que intentan empujar e innovar a través de la promoción de la agricultura urbana en las ciudades; los aficionados y familias que han pasado por el encuentro y han participado de las actividades más lúdicas; los representantes de los colectivos que gestionan huertos comunitarios que nos han mostrado como un huerto puede ser un instrumento de cambio social y los emprendedores que proponen productos y servicios para facilitar la práctica de la agricultura urbana y generar actividad económica.

Todas las personas que han venido han mostrado mucha capacidad de entender puntos de vista diferentes y hemos puesto en la misma mesa y con un mismo objetivo gente con experiencias diferentes. Juntar tanta diversidad ha generado sensaciones y reacciones muy interesantes y muy productivas tal como se puede visualizar en las conclusiones de los grupos de trabajo. Espero que sea la semilla de una nueva red que nos ayude a abrir miras, mejorar y hacer que la agricultura urbana se convierta en un movimiento sólido.

Más información en www.agriculturaurbana.cat

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Insectos en el huerto

Cultivar un huerto es crear las condiciones para el desarrollo de las plantas comestibles. Estas condiciones y las mismas plantas atraen la presencia de muchos seres vivos, algunos beneficiosos y necesarios como los polinizadores o los microorganismos que hacen simbiosis con la planta o ayudan a su nutrición colaborando en la diponibilidad de los nutrientes. Otros los consideramos perjudiciales por qué se aprovechan de los cultivos y reducen nuestra cosecha.

Esta clasificación entre organismos buenos y malos es simplista y no explica la realidad. Muchos organismos tienen doble efecto, como las mariposas que colaboran  en la polinización pero sus orugas pueden ser incansables defoliadoras de los cultivos. Pero resulta que los organismos clasificados como buenos como los depredadores o parásitos de plagas, necesitan las plagas para sobrevivir, por ejemplo las famosas mariquitas no se podrán reproducir si no encuentran pulgones de quién alimentarse. Por eso los productos químicos suelen tener consecuencias fatales en el equilibrio entre plagas y depredadores de plagas.
En consecuencia, si cultivamos un huerto ecológico en casa estamos abriendo la puerta a un montón de organismos que visitarán el huerto y que mejorarán la biodiversidad y la vida de nuestras ciudades.

De todos los organismos los insectos son especialmente interesantes por su diversidad y por sus particularidades. Son el grupo de seres vivos más numeroso de la naturalez y han evolucionado de formas muy diversas y con estrategias muy espectaculares, con formas diferentes entre individuos jóvenes y adultos (ninfas y larvas) y entre los mismos adultos (por ejemplo abejas obreras o reinas), metamorfosis para cambiar de forma, capacidad de reproducirse de forma vegetativa y la gran diversidad de estrategias depredadoras que hay dentro de los insectos llamados beneficiosos.

Observar los insectos es una actividad muy apasionante. Una lupa y un libro especializado para intentar identificarlos tendrían que ser instrumentos imprescindibles para todos los hortelanos ecológicos. Os dejo fotos de algunos de los visitantes más exóticos que han visitado mi huerto:

Una mariquita al lado de una larva de pulgón:

Unas langotas en plantas de maíz dulce:

La mantis religiosa es un depredador que muestra la buena salud del huerto:

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Compostar en casa

Estamos acostumbrados a sacarnos la basura de encima lo más rápido posible. El sistema de recogida de residuos municipal es una herramienta eficaz que nos permite apartar el problema del residuo de nuestra casa. Pero este sistema que externaliza la gestión de la basura de nuestra vida cotidiana tiene un precio: vertederos, costes de gestión, contaminaciones, …, y la consecuencia más negativa, que es la falta de conciencia que habitualmente tenemos sobre este tema.

Cuando un residuo está cerrado en una bolsa de basura y atraviesa la puerta de nuestra casa inconscientemente deja de ser un problema. El nivel de conciencia es tan bajo que la administración se ve obligada a hacer campañas para que pongamos el residuo en el lugar adecuado, cosa que tendría que ser de lo más fácil. Es lo que yo denomino “síndrome de la alfombra”, o sea, la percepción de que un problema no existe si no lo veo, como si escondiéramos la basura bajo la alfombra y nos lo olvidáramos.

Los residuos orgánicos son una parte importante de la basura, del orden del 50% de promedio en muchos hogares y son uno de los pocos residuos que podemos transformar en casa en algo útil y valioso, el compost. El compost es un adobo orgánico de alta calidad que  puede permitir nutrir las plantas del huerto. La proliferación de huertos urbanos en azoteas y balcones es una buena oportunidad para promover la realización de compostaje en pequeños espacios. De todos modos, una finalidad importante del compostaje a muy pequeña escala es romper el “síndrome de la alfombra” y hacernos más conscientes del valor de reciclar y reducir los residuos producidos a nuestros hogares.

Compostar en pequeños espacios es sencillo pero no es tan fácil como algunos se piensan. Hay diferentes técnicas posibles: pilas, cajas, compostadores rotativos, vermicompostaje, compostadores electromecánicos y combinaciones de varias de estas técnicas. Los principios son los mismos pero elegir una técnica adecuada depende del tipo y cantidad de residuo de que disponemos y del espacio y condiciones que tengamos en casa. Podemos hacer compostaje en cualquier situación, tanto si tenemos un jardín con espacio y bastante cantidad de residuos de diferentes tipos como si sólo tenemos un rincón dentro de casa con muy poco espacio y sólo residuos de cocina. Evidentemente, la calidad y cantidad de compuesto será diferente en cada caso.

Tipus compostadors

Sea cual sea la técnica que elegimos utilizar hace falta una dosis importante de motivación y determinación. Estamos demasiado acostumbrados a la asepsia y compostar no es una actividad que se pueda promover fácilmente a cualquier familia. Muchas veces los usuarios de los huertos urbanos se escandalizan cuando empiezan a observar que el huerto abre la puerta a la biodiversidad y aparecen insectos, algunos son plaga pero también insectos beneficiosos polinizadores y depredadores de plagas. Aceptar y aprender a gestionar esta biodiversidad es un pequeño reto para el usuario urbanita demasiado acostumbrado a la asepsia. Si esto es así para el huerto, para el compostaje es mucho más intenso. Hay pocos elementos en un jardín que atraigan tanta vida como un compostador. Los compostadores son una “granja” de microorganismos, hongos y bacterias, que no paran de trabajar para nosotros y también una atracción para insectos y, en consecuencia, pájaros y otros seres vivos que se  alimentan de los insectos. Gestionar esta explosión de vida, evitar malos olores y conseguir un proceso rápido es  una tarea que requiere constancia y dedicación. Son muchos los usuarios noveles que han desistido después de los primeros fracasos.


No  tengo ninguna duda: el futuro va por aquí, ser más conscientes de los residuos que generamos. Y hacer compostaje a casa es un primer paso.

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Microorganismos

Haciendo zapping por los diferentes canales de TV acabo de ver un anuncio que propone un detergente lava-vajillas que elimina todos los microorganismos malos y perniciosos para nuestros hijos. No quiero cuestionar la importancia de la higiene en nuestra salud. Gracias a ella hemos podido eliminar algunas enfermedades de nuestras vidas, como es el caso del cólera u otras. Ahora bien, quizás nos hemos desplazado al otro extremo y hemos hecho de la asepsia un ideal en el cual queremos llegar a vivir alguna vez.

Si pensamos en la cantidad de microorganismos que viven a nuestro cuerpo, se dice que tenemos diez veces más células de microorganismos que células propias, quizás empezaremos a replantearnos este ideal irreal de la asepsia y entenderemos que en realidad no somos seres humanos, somos un ser simbiótico formado por un ser humano y un montón de microorganismos de los cuales dependemos para vivir. La aportación más importante de los microorganismos es la digestión de los alimentos. Sin los microorganismos de nuestro estómago y nuestras tripas nos sería imposible alimentarnos correctamente.

Al huerto y a las plantas los pasa algo parecido. Los microorganismos del suelo, algunos de los cuales se asocian con las raíces de forma simbiótica, son fundamentales para la nutrición de las plantas y para el reciclaje de la materia orgánica. Los huertos urbanos cultivados de forma ecológica y con abonos orgánicos son una puerta abierta a un pequeño ecosistema lleno de microorganismos. Si además os animáis a reciclar la materia orgánica a través de una caja de compostaje o del cultivo de lombrices, entonces el huerto se convierte en un núcleo de biodiversidad microbiana. Es bueno que valoremos positivamente este aspecto. Insectos, microorganismos, pájaros y plantas volverán a nuestros balcones y a nuestras ciudades si hacemos un huerto urbano y esto es bueno.

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Economía buroctriva

Esta semana he asistido a una reunión muy interesante en la cual hemos reflexionado sobre como promover y apoyar los emprendedores. Mi experiencia en este ámbito se limita a lo que he aprendido poniendo en marcha la cooperativa Tarpuna y, por lo tanto, no es tan amplia como la otros personas o entidades con más recorrido. Tarpuna también tiene la particularidad de ser un proyecto de iniciativa social, en el cual el impacto social es más importante que el resultado económico a pesar de que necesitamos que los dos sean positivos.

A pesar de las diferencias con otros ponentes, hemos estado de acuerdo que a veces  el trato con la administración pública es un arte difícil y pesado y que esto tiene su paradigma en el caso de las subvenciones, hasta el punto que obtener subvenciones y realizar la justificación de manera correcta se ha convertido en un oficio y en algunas entidades hay personas especialistas que sólo se dedican a esto.

Probablemente es una visión sesgada, pero se puede llegar a tener la sensación que el pez se muerde la cola. Las empresas se ven obligadas a dedicar esfuerzos a pedir y gestionar subvenciones para hacer más viable su actividad y de este modo poder pagar más impuestos que puedan mantener la administración pública que supervisa la subvención. Es el que yo denomino economía “buroctriva” (de burocracia), en contraposición a la economía productiva, que ahora está de moda. Tengo que admitir que me gusta mucho más pensar como cultivar mejor o como comunicar mejor con mis socios o clientes antes que preocuparme del papeleo que me pide la administración pública.

En algunos casos sería interesante ver el coste-beneficio de la subvención, cuánto se ha gastado por cada euro que llega a la actividad productiva o social y creo que algunas veces podría ser decepcionante el resultado de este cálculo.Quizás llegaríamos a la conclusión que en algunos casos seria mejor rebajar la carga fiscal, dejar de conceder alguna subvención y crear un entorno propicio para que las empresas sociales y las que no lo son, pudieran concentrarse en mejorar sus resultados. Como paradigma actualmente se da la situación que te piden justificar el gasto pero el ingreso de la subvención puede tardar hasta más de un año, con lo cuál, además de tener que dedicar tiempo, la subvención te provoca un problema de tesorería peligroso.

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