Economía buroctriva

Esta semana he asistido a una reunión muy interesante en la cual hemos reflexionado sobre como promover y apoyar los emprendedores. Mi experiencia en este ámbito se limita a lo que he aprendido poniendo en marcha la cooperativa Tarpuna y, por lo tanto, no es tan amplia como la otros personas o entidades con más recorrido. Tarpuna también tiene la particularidad de ser un proyecto de iniciativa social, en el cual el impacto social es más importante que el resultado económico a pesar de que necesitamos que los dos sean positivos.

A pesar de las diferencias con otros ponentes, hemos estado de acuerdo que a veces  el trato con la administración pública es un arte difícil y pesado y que esto tiene su paradigma en el caso de las subvenciones, hasta el punto que obtener subvenciones y realizar la justificación de manera correcta se ha convertido en un oficio y en algunas entidades hay personas especialistas que sólo se dedican a esto.

Probablemente es una visión sesgada, pero se puede llegar a tener la sensación que el pez se muerde la cola. Las empresas se ven obligadas a dedicar esfuerzos a pedir y gestionar subvenciones para hacer más viable su actividad y de este modo poder pagar más impuestos que puedan mantener la administración pública que supervisa la subvención. Es el que yo denomino economía “buroctriva” (de burocracia), en contraposición a la economía productiva, que ahora está de moda. Tengo que admitir que me gusta mucho más pensar como cultivar mejor o como comunicar mejor con mis socios o clientes antes que preocuparme del papeleo que me pide la administración pública.

En algunos casos sería interesante ver el coste-beneficio de la subvención, cuánto se ha gastado por cada euro que llega a la actividad productiva o social y creo que algunas veces podría ser decepcionante el resultado de este cálculo.Quizás llegaríamos a la conclusión que en algunos casos seria mejor rebajar la carga fiscal, dejar de conceder alguna subvención y crear un entorno propicio para que las empresas sociales y las que no lo son, pudieran concentrarse en mejorar sus resultados. Como paradigma actualmente se da la situación que te piden justificar el gasto pero el ingreso de la subvención puede tardar hasta más de un año, con lo cuál, además de tener que dedicar tiempo, la subvención te provoca un problema de tesorería peligroso.

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