Alimentación sostenible


Retomo las anotaciones en el blog después de un par de años. Para los que os preguntéis qué ha pasado este tiempo sólo deciros que la vida tiene etapas y paréntesis y este ha sido uno de ellos.

A menudo hay quien dice que esto de hacer un huerto en la azotea de casa es más caro que ir a comprar la verdura en la tienda del barrio o en el supermercado. Esta visión productivista no explica lo que realmente hacemos los que nos gusta practicar la agricultura urbana. Siempre pienso que esto de ir a comprar la verdura sería como ver un partido de fútbol sentado en el sofá y, en cambio, cultivar tu verdura es como ir a jugar un partido con los amigos. Es probable que no seas un crack del fútbol pero, sin lugar a dudas, la experiencia es más enriquecedora e intensa si participas activamente.

Los beneficios de practicar la agricultura urbana son múltiples, pero hoy me centraré en uno que creo que es muy importante. De repente, cuando un urbanita enfrenta al reto de poner las primeras semillas o plantas en el huerto se ve limitado por el clima. Resulta pues, que el tomate (la estrella de la huerta, probablemente), no lo puedo plantar hasta abril o, si estoy en un municipio con clima frío, hasta casi en mayo o junio.

El impaciente urbanita empieza a aprender algo que había olvidado: estar más en sintonía con la naturaleza y los ciclos anuales y prever las plantaciones con tiempo y paciencia. Evidentemente sigue yendo a la tienda a buscar el tomate pero cuando cosecha los suyos, tal vez más pequeños y de forma no tan perfecta, descubre que el sabor es diferente. Los azúcares, las vitaminas y el sabor son mucho mejores cuando comes un fruto madurado en la planta.

Y es en este momento que muchas personas hemos empezado a poner en duda el alimento que compramos cada semana. ¿De dónde vienen pues los tomates? ¿Por qué no tienen gusto? ¿Por qué son más caros cuando son más malos? Y no sólo eso, sino que si comienza a buscar información se dará cuenta de la importancia que tiene la forma en que nos alimentamos en aspectos como el cambio climático, la salud, el modelo socio-económico o la biodiversidad de nuestros ecosistemas. En este artículo se explican algunos de estos aspectos.

Esto sólo se puede solucionar de dos maneras: o bien ampliar su huerto y el tiempo dedicado a producir todas las Verduras o contactar con un agricultor de proximidad o una cooperativa de consumo del barrio que nos proporciona los productos de agricultores cercanos. En ambos casos, sin embargo, es necesario acostumbrarse a comer el alimento de temporada y no querer melones, manzanas o tomates frescos todo el año, por qué no es sostenible.

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Esta entrada fue anotada en Huerto Urbano.

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